Agorafobia en niños y adolescentes

La agorafobia es un trastorno que se relaciona con el pánico y el miedo a los lugares abiertos donde puede llegar a concentrarse una gran cantidad de personas, así como también el temor a enfrentarse a situaciones en las que el control sobre las mismas se pierda y no se pueda obtener ayuda de forma rápida. A pesar de que en la mayoría de los casos los síntomas empiezan a aparecer en adultos jóvenes, es decir; entre los 18 y 22 años, también es posible diagnosticar en adolescentes e incluso niños que presentan la sintomatología de forma lenta pero evidente.

Las causas de la agorafobia están relacionadas tanto con factores genéticos (antecedentes familiares), como con ciertas experiencias de la vida diaria que puedan generar ataques de pánico y ansiedad. Los síntomas más comunes en niños y adolescentes que podrían presentar agorafobia temprana son tanto de carácter emocional como físico; en lo emocional la depresión y el miedo a la muerte son persistentes, mientras que en lo físico vas desde mareo, náuseas y vómito; hasta presión en el pecho y aceleramiento de la presión sanguínea.

Si un niño o un adolescente presentan síntomas similares a estos, es bastante probable que empiece a cambiar su modo de vida, evitando los lugares abiertos y llenos de personas, los paseos fuera de casa, ir al cine, quedarse solos y hasta dejar de ir a la escuela; y es ahí donde se puede estar seguro que padece agorafobia.

Como salir de la agorafobia temprana

Debido al aislamiento que implica la agorafobia, el desarrollo normal del niño y el adolescente se ve gravemente afectado de forma negativa; por lo que en la primera aparición de los sistemas se debe consultar al médico y comenzar a planificar el tratamiento más adecuado para cada caso.

La agorafobia es imposible de curar por sí sola, pues el paciente diagnosticado necesita del apoyo de todos los que lo rodean para lograr avances. El tratamiento va desde las terapias familiares, que ayudan a preparar mejor a los padres y demás miembros de la familia, así como al enfermo para tratar en conjunto  la enfermedad; terapias cognitivo conductual que permite al paciente aprender técnicas para afrontar las situaciones difíciles; hasta la utilización de fármacos en los casos más fuertes para aliviar los síntomas físicos.

Exponer gradualmente al niño o joven con agorafobia forma parte de terapias de desensibilización que permite ir superando algunos síntomas de la agorafobia. Aunque el proceso es lento y se requiere paciencia y apoyo, es posible mejorar las condiciones de vida del paciente de agorafobia temprana para garantizar un desarrollo normal del niño y del adolescente con los síntomas.

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