El peluquero “El cliente(a)”

Proviene del latín “cliens” o “entis” con la misma acepción. Persona que utiliza habitualmente los servicios de un profesional o de una empresa

El peluquero debe tener como principio fundamental la cortesía, la discreción y la corrección característica de una persona con principios morales.

Relacionarse con todas las clases sociales nos obliga a servir con una atención esmerada para todos por igual. Sea buen oyente antes de entablar una conversación, no sea que resulte inoportuno, por no saber la avidez de nuestro interlocutor.

Hable con una voz firme pero no grite, mientras se charla no pierda el tiempo, manténgase activo en su obra. Jamás se critica el trabajo de la competencia, ellos merecen respeto. No parlotee, más bien busque una conversación comercial que comprometa al cliente a favorecer nuestra causa con una compra o con un servicio suplementario real a sus necesidades.

Cualquier persona que entra en una peluquería tiene la necesidad de ser atendida, recíbala con amabilidad, con una sonrisa franca y simpatía.

No debe haber diferencia entre los clientes, todos deben ser recibidos de la mejor manera posible e informarse de inmediato de la finalidad de su grata visita, atiéndalo amablemente ya que usted está al frente de un potencial cliente. No olvidemos, que una persona que sale de un negocio cualquiera que sea, sin haber invertido puede convertirse en el mejor cliente.

Jamás:

  • Disponga del horario a su antojo, llegar tarde, hacer pausas excesivas, salir antes de la hora o tomarse días sin avisar previamente.
  • Hablar por teléfono mientras está laborando, si la llamada es para una cita de servicio, pedir disculpas al cliente que está atendiendo, las llamadas intimas no las atienda.
  • Interrumpir el trabajo ajeno por nimiedades, impedir la concentración de los demás con parloteos y ruidos innecesarios.
  • Comparar negativamente su status actual con lo anterior, criticar a los compañeros.
  • Dedicarse al chisme y las palabras vulgares, burlarse de los compañeros, hablar de la vida personal ajena o propia en el trabajo, adoptar una actitud petulante o adoptar una actitud servil.
  • No revisar y pulir su propia obra.
  • Pedir prestado a los compañeros, herramientas o productos por periodos prolongados y si por necesidad lo hace, devuélvalo en el acto.

El cliente es la razón fundamental de cualquier negocio, atrápelo con nobleza, eficiencia, sinceridad y franqueza, sobre todo con un trabajo profesional que lo enaltezca.

-No presuma. ¡Hágalo!-

Rodrigo Toscano

“el fígaro”

Asesor de Imagen

Master en Estilo y Diseño

 

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